Hacia otro paradigma de civilidad !!!!!
"sólo después de que el último río haya sido destruído, sólo entonces nos daremos cuenta de que el oro no se puede beber" (Profecía Tribu Cree, Norteamérica)

Ennio Morricone - Rivers

24 feb. 2008

No es necesario electrocutar la Patagonia - John Wilson: aprendamos de la experiencia de California

Endesa, la empresa eléctrica más grande de Chile, y Colbún, planean construir cuatro megacentrales hidroeléctricas en la Patagonia chilena, dos en cada uno de los ríos más importantes de la región, el Baker y el Pascua, a un costo de 2.500 millones de dólares. El inicio de la construcción está proyectado para comienzos de 2008, y la primera central, Baker 1, de 680 MW, entraría en servicio el año 2012.
Transelec construiría una línea de transmisión de dos mil kilómetros, la más larga del mundo, a un costo de 1.500 millones de dólares, para conectar estas centrales al Sistema Interconectado Central, SIC, a la altura de la Región Metropolitana.

Un análisis preliminar de los supuestos que se esgrimen para justificar la construcción de dichas represas indica que dos de estos son cuestionables e incluso, que están francamente errados: el primero es que la tasa de crecimiento de la demanda durante los próximos 25 años será de 6,5 por ciento anual, y, el segundo, que el costo de construcción de las centrales será de 1.000 dólares por kW. Según las proyecciones de Endesa, basadas en datos que no son transparentes para el público, el año 2020 Chile tendría un consumo de electricidad per cápita superior al de California, y el 2030, al de Estados Unidos. ¡Un consumo superior al país que más consume electricidad per cápita en el mundo!
La segunda razón para pensar que los proyectos de Endesa difícilmente solucionarán la problemática energética de Chile es la gruesa subestimación de costos en la que incurre la empresa. Endesa dice que los proyectos en Aysén pueden implementarse a US$ 1.000/kW, pero, según expertos internacionales en hidroelectricidad, el costo promedio de construcción de mega represas es por lo menos el doble de esta cantidad.

A comienzos de los años setenta California experimentó una demanda de electricidad que alcanzó tasas de crecimiento de 7 por ciento anual. El gobierno norteamericano, en vez de permitir que las empresas construyeran más centrales con altos costos económicos y ambientales, decidió manejar cuidadosamente la demanda y equilibrar las nuevas fuentes de energía, siempre priorizando las posibilidades de ahorro y eficiencia. El resultado es que en California, después de treinta años, el crecimiento de la demanda de energía está estabilizado en un 2 por ciento anual mientras que la economía se ha mantenido creciendo a un 4 por ciento anual.

En otras palabras, es posible desacoplar el crecimiento económico del de la demanda energética. Chile, para seguir creciendo, no necesita electrocutar la Patagonia, uno de los últimos lugares con altos niveles de pristinidad que van quedando en el planeta. Y, peor aún, las cuatro represas proyectadas para el Baker y el Pascua serían solo el comienzo. Endesa y otras pocas empresas monopolizan la mayor parte de los derechos de agua en todos los ríos de la Patagonia. Si aceptamos su propuesta para responder a las necesidades energéticas de Chile —las megacentrales hidroeléctricas de embalse situadas a miles de kilómetros de los centros de consumo— la mayoría de los ríos de la región estarían condenados y todos los ecosistemas
situados al paso de la transmisión sufrirán graves perjuicios.
La Patagonia chilena ya no sería una reserva de vida y Chile habría desperdiciado la oportunidad de hacer las cosas bien, aprendiendo de los errores así como de los logros, que en esta materia se están viendo en el mundo.

(Del libro de la coalición: Patagonia Sin Represas)


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